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El taller de pintura es una réplica del que Arno Stern tiene en París, y consiste en un espacio de unos 20 m2 en el que las personas pintan bajo la premisa de que la expresión no tiene como objetivo la comunicación.

En el centro de la sala se sitúa una mesa-paleta de 18 colores, recipientes de agua para cada color, y cada uno con 3 pinceles, 2 pequeños y uno grande. La altura de la mesa-paleta es de 70 cm por lo que tanto niños como adultos pueden acceder a ella. A nivel simbólico, la mesa-paleta funciona como “espacio-colectivo”, en el que se interactúa con el resto de personas del taller.

Cada persona pinta sobre la pared en hojas de 50 x 70 cm, que es el campo visual abarcado a una distancia de trabajo normal. Este espacio se puede ampliar añadiendo hojas en función de las necesidades de cada persona. A nivel simbólico, el trabajo de cada uno funciona como su “espacio-personal”, y siempre se realiza de manera individual.

La pintura se caracteriza por tener mucho pigmento, lo cual hace que cubra todas las posibilidades de trabajo, desde muy diluido en agua sin que pierda color, hasta muy pastoso y cubriente.

Los pinceles que se utilizan han sido específicamente fabricados para adaptarse a esta pintura. 

*Fotografía cedida por Diraya Expresión, Bilbao.