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La Educación Creadora establece unos parámetros de relación basados en la plena confianza en las capacidades intrínsecas de las personas. Si el espacio y la asistencia son los adecuados, la persona que entra a formar parte del taller  podrá desplegar sus capacidades con la pintura de forma ilimitada, capacidades que, aunque puedan estar tapadas o detenidas, siempre podrán ser retomadas porque están latentes en nuestro ser.

Las condiciones imprescindibles en el taller son:

 NO JUICIO

El juicio, la crítica o la opinión del otro desaparecen en el taller de pintura. Simplemente poco a poco se desvanece la necesidad de opinar o de ser aceptado o valorado por otra persona. En este sentido, el taller de pintura es un espacio liberador.

 GRUPO HETEROGÉNEO

Normalmente, en actividades de grupo se suele separar a las personas por su edad. Frente a esto, en el taller se intentará que el grupo esté formado por personas de distintas edades, para que prácticamente sea imposible la comparación y con ella la competitividad. Lo que aparece entonces es una comunidad de aprendizaje sin maestros ni alumnos. Se trata de formar parte de un espacio relacional heterogéneo en el que distintas personas hablan y/o se entregan a la misma labor.

 ROL DEL ASISTENTE

La figura del asistente es clave, y en ella se delegan las necesidades para que las personas se puedan entregar al juego de pintar. La actitud y formación del asistente le impiden juzgar, extrañarse, reaccionar, asombrarse o sentir orgullo de lo que hacen las personas con las que trabaja. No enseña, no acelera ni retarda procesos. Sabe respetar el ritmo de cada uno. No corrige ni interpreta. Básicamente, su rol es servir y preservar el espacio de trabajo de miradas ajenas y de la indiscreción, hacer posible la existencia de espacios donde la expresión no sugiere la comunicación. Esta persona ayuda sin robar descubrimientos, es decir, no enseña a pintar ni a mezclar el color, sino que estos logros serán siempre de la persona; así es como se graban en la memoria y jamás se olvidan. Se centrará en enseñar a coger el pincel, cuidar la pintura, evitar distracciones y a que se respete el espacio colectivo.

La persona que es asistida sabe cuál es la tarea del asistente, y poco a poco desaparece la necesidad de enseñarle lo que ha pintado, de saber si le gusta o no, porque la comunicación solo se establecerá en base a sus necesidades reales, la de asistirle; la valoración ajena no es aquí una necesidad real. Cuando esta nueva relación se establece comienza un proceso personal de expresión en el que no existe la valoración, por lo que desaparece la necesidad de dibujar a partir de un modelo o referente.


En los talleres de Educación Creadora, se produce aprendizaje fuera de las relaciones instructivas habituales, y se produce porque es un hecho completamente natural que el ser humano aprenda, ya que tiene la capacidad y las herramientas necesarias para hacerlo. Por ello, no se enseña para que se produzca el aprendizaje, ya que los tiempos y las necesidades de cada uno no pueden venir marcados por un programa externo.

*Fotografía cedida por Diraya Expresión, Bilbao.